Por: Hna Magdalena Zamora Loor, docente de la institución.
Salir desde nuestra realidad e internarnos en otra es una de las propuestas que nos hace el Papa Francisco, es decir “ir hacia las periferias de nuestra realidad”. Es lo que jóvenes valientes cristoreginos junto a la red ignaciana de colegios jesuitas atrevidos y con todas las ganas de darse y donarse hacia los demás, han hecho una experiencia profunda y significativa en la provincia de Riobamba cantón Penipe en varias comunidades indígenas.
Estuvimos con dos jóvenes de los colegios San Felipe Neri de Riobamba, y san Luis Gonzaga de Quito, en la comunidad de Utuñag, la última comunidad de la parroquia en las faldas del Tungurahua, una comunidad que vive de sus cultivos en las chacras. Sus habitantes desde muy temprano, con el frio gélido de la mañana le ganan al sol, como ellos lo dicen, salen a trabajar y regresan a sus casas pasadas las seis de la tarde.
Visitamos sus casas, encontramos algunos ancianos en sus covachas viviendo en extrema pobreza, asediados del frio intenso, pero con la sonrisa y el corazón abierto a la acogida dispuestos a recibirnos en sus casas y a brindarnos lo que en ese momento tenían. Fueron ocho días intensos con la comunidad. Por la mañana visitando las familias, por la tarde jugando con los niños y niñas y jóvenes y ya con la caída del sol celebrando junto con ellos la semana santa.
Desde su religiosidad popular, muy significativa, vivimos el triduo pascual. Un aspecto muy interesante que ellos añaden a estas celebraciones pascuales, y lo viven con mucha intensidad es el descendimiento de Jesús de la cruz y las venias que le hacen a Jesús puesto en el sepulcro.
Quiero evidenciar la entereza, el entusiasmo de nuestros jóvenes, ellos que vienen haciendo procesos desde los grupos del CEC y del MAGIS, se meten dentro de la realidad, dan lo mejor de sí desde su fe, desde su vida joven y esperanzadora.
Me viene a la mente las palabras de Jesús que nos dice: Levanten la vista y miren los campos: ya están amarillentos para la ciega, Jn 4,35. Felicito a quienes hacen posible este tipo de experiencias para nuestros estudiantes, y a ellos un cariñoso saludo muy especial, por lo que han dado y dejado en estas comunidades que necesitan de su vitalidad y de su entusiasmo.
Sigamos apostando por ellos, considero que están listos para todo tipo de apostolado, en donde se les envíe porque saben dar lo mejor de sí, esto lo he constatado estando con ellos y compartiendo en todo momento este tiempo pascual en donde Jesús no invita a ser testigos de su Resurrección.
Gracias a quienes hicieron posible vivir junto a los jóvenes esta experiencia profunda y renovadora.
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